Marchar, conquistar y jugar pelota. El beisbol durante la guerra méxico-americana

Hubiera sido una historia perfecta, digna de contarse una y otra vez. Pequeña y completa, parece explicarlo todo. Así es el mito de Abner Doubleday en México.

El supuesto inventor del beisbol permaneció en México 17 meses combatiendo una guerra durante sus horas de deber y delineando diamantes de beisbol en sus ratos de ocio entre espinas de saguaros y biznagas en los desiertos norteños. Al menos, eso es lo que el mito perfecto diría.

Y es que en 1846, apenas siete años después de que presuntamente inventó el beisbol, Doubleday llegó a México como miembro del 1er Regimiento de Artillería. Vio combate por primera vez en su carrera en la Batalla de Monterrey disputando el lado oeste de la ciudad en septiembre de 1846 y unos meses después se estableció en Saltillo donde permaneció hasta el fin del conflicto.

Según la leyenda, es en Saltillo donde Doubleday se rodea de niños saltillenses y les enseña el juego: su juego.

De aquella guerra sobrevivió una serie de fotografías hechas en una incipiente técnica conocida como daguerrotipo que apenas se había inventado unos años antes del inicio de las hostilidades. Esas son las imágenes de guerra más antiguas que se conocen y Abner Doubleday, posando en Saltillo, aparece en una de ellas. [1]

AbnerDoubledaySaltillo

Delgado, erguido y con sus inconfundibles rizos apenas contenidos por la gorra militar, el supuesto inventor del beisbol sale acompañado de casi una decena de habitantes saltillenses, incluidos varios niños ataviados en el tradicional sarape sin saber que 160 años después el equipo de beisbol de Saltillo iba a ganar un bicampeonato haciéndose llamar los “Saraperos.”

Todo parece perfecto en la historia, salvo por el hecho de que Abner Doubleday no inventó el beisbol. Ni siquiera hay algún indicio de que lo haya conocido. Y se murió sin saber que por muchas décadas, el mundo le iba a atribuir la invención del pasatiempo.

Es uno de los grandes mitos históricos del deporte el pensar que el beisbol nació de la genialidad creativa de una sola persona y en un solo momento en 1839. No hay tal. En realidad, el beisbol existe al menos desde 1744, año desde el cual existen evidencias de un juego en evolución. Pruebas que desafían cualquier mito creacionista [2]

Tan pronto como los registros históricos sobre la presencia de Abner Doubleday en México comenzaron a circular años después, también lo hicieron los mitos y las leyendas. En Texas, por ejemplo, circula una historia sin sustento documental de que en la población de Punto Isabel, “Doubleday organizó un partido interescuadras que se jugó fuera de los muros del Fuerte Polk.”[3] En Saltillo, historiadores locales aseguran que en 1847, luego de la batalla de Buena Vista, Doubleday permaneció en la ciudad hasta el fin de la guerra y “explicó las reglas y fundamentos del juego, creando un par de novenas y jugando varios partidos amistosos.”[4] Otra versión apócrifa fue publicada en 1974 en un diario mexicano de circulación nacional donde se asegura que los soldados americanos jugaron beisbol luego de la Batalla de Churubusco, con Abner Doubleday participando en el encuentro. Pero Doubleday nunca estuvo en Churubusco. [5]

En efecto, Abner Doubleday sí combatió en México durante esa guerra, de ello no hay ninguna duda, pero no hay evidencia de que haya sido un pionero del beisbol en México. De hecho, Doubleday escribió un vívido recuento de su experiencia en esa guerra con amplios detalles sobre su estadía en Punto
Isabel y Saltillo, sin hacer un solo comentario sobre beisbol o juegos de pelota. [6]

Más allá del mito sobre Abner Doubleday, la relación inicial de México con el beisbol se remontaría, en efecto, a aquella misma guerra contra Estados Unidos en que México perdió más de la mitad de su territorio.

En esos años las diversas variantes de beisbol comenzaban a ser pasatiempos populares en las regiones que hoy componen el noreste de Estados Unidos y de ahí se reclutó una gran cantidad de soldados para integrarse al ejército estadounidense y venir a combatir a México. Por ejemplo, en el otoño de 1845, al mismo tiempo que las tensiones diplomáticas entre Estados Unidos y México hacen que la guerra sea inminente, el equipo Knickerbockers de Nueva York redacta y difunde por primera vez en la historia un conjunto de 20 reglas  que sentaron las bases del beisbol organizado y que evidenciaron el nivel de popularidad que tenía el juego en aquel país.

Las evidencias sólidas y documentales de que los soldados estadounidenses jugaron al beisbol en México son pocas, pero los indicios son varios y tienen algún grado de credibilidad.

Es en el año de 1847 cuando se dan la mayoría de dichas versiones y evidencias, pero ya desde finales de 1846, tan pronto como el ejército de Estados Unidos empieza a conquistar territorio mexicano y a ocupar las ciudades del norte de Tamaulipas, es que aparecen las pruebas documentales de que los soldados se divertían jugando pelota.

La región de Texas era la principal zona de conflicto, pues los ciudadanos de ese estado se habían rebelado al gobierno mexicano, declarado su propia república y luego buscaron su anexión a Estados Unidos, que los acogió a finales de 1845. Cuando México intentó, mediante las armas, recuperar ese territorio estalló la guerra al entrar Estados Unidos a defender su nueva posesión.

En Mayo de 1846, los estadounidenses enfilaron rápido rumbo a territorio mexicano, luego de triunfos en días consecutivos en las batallas de Palo Alto y Resaca de la Palma en el sur de Texas. Ya para el 18 del mismo mes, habían tomado Matamoros, Tamaulipas, que fue la primera ciudad mexicana en capitular.

A mediados de 1846, mientras unos regimientos, con Abner Doubleday entre sus filas, partían rumbo a la conquista de Monterrey, en Matamoros se estableció una guarnición donde los soldados que no estaban en turnos de vigilancia tenían que entretenerse en ejercicios militares o en diversiones tales como jugar pelota.

Durante ese lapso el soldado George Furber, del Regimiento de Caballería de Tennessee y acampado en Matamoros, llevó un muy completo diario de anotaciones y descripciones sobre la vida ordinaria fuera del campo de batalla. En 1848 lo publicó en forma de libro.

En su recuento del 29 de Noviembre de 1846, plasma el primer vestigio de la práctica del beisbol en los campamentos militares:

Ha habido horarios regulares para prácticas y, además, bastante tiempo para diversiones. Los hombres del regimiento encontraron suficiente de ello de varias formas, aunque el método favorito parece ser el de jugar pelota en el campo de marcha.[7]

Es decir, el soldado Furber asegura que jugar pelota era la diversión favorita de quienes ocupaban dicho campamento en Matamoros, lo que nos puede dar una idea de la frecuencia con que se jugaba y sobre la posibilidad de que esos juegos se hayan repetido en otras ciudades mexicanas ocupadas.

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En Matamoros, como fuerza de ocupación, estaban acampados los regimientos de Caballería de Tennessee, la Infantería de Illinois, los Voluntarios de Ohio y los Regulares de Indiana pero, según la descripción de Furber, la Caballería de Tennessee se emplazó de manera independiente a los demás regimientos en el oeste de la ciudad.

Los juegos de pelota, según el relato de Furber, se jugaban en un “espléndido campo abierto, libre de arbustos y árboles, donde se ejercitaba y marchaba.” [8]

Furber no precisa qué tipo de juego de pelota se practicó en el campamento, pero el genérico “jugar pelota” usualmente se refería a las diversas variantes de beisbol que se jugaban en la época.

Y es que en Estados Unidos por esos años las reglas para jugar beisbol no estaban totalmente estandarizadas, sin embargo, la mecánica era perfectamente reconocible como beisbol, así se llamara town ball, base ball, rounders, juego de Nueva York o juego de Massachusetts.

Como podemos ver, no existía aun la sofisticación de llamar al beisbol por su nombre, sino que simplemente se les solía llamar “juegos de pelota.”

Para comienzos de 1847, el ejército de Estados Unidos ya había tomado Monterrey y mantenía guarniciones en casi todo el noreste de México, a la vez que una importante fuerza naval se dirigía al norte de la costa mexicana del Pacífico.

Por esos meses, en uno de los campamentos del ejército americano a las afueras de la ciudad, el soldado Adolph Engelmann escribía una carta a sus padres en que aseguraba que en ese campo también se había jugado pelota. La carta está fechada el 30 de Enero de 1847 en Saltillo y originalmente está escrita en alemán. La traducción dice:

Durante la semana pasada tuvimos muchas carreras de caballos y el campo de práctica fue muy a menudo utilizado para jugar pelota. [9]

Está escrita en alemán porque su compañía en el Segundo Regimiento de Voluntarios de Illinois estaba compuesta casi en su totalidad por alemanes que habían emigrado a Estados Unidos y se enlistaron en el ejército estadounidense.

Engelmann era de esa nacionalidad y la misiva iba dirigida a sus padres. No sabía en ese momento que días después caería herido en la dura Batalla de La Angostura, recibiendo la baja para volver a casa a recuperarse.

Campamento BuenaVista1847SM

El lugar exacto en donde se dan los juegos de pelota descritos por Engelmann es el campamento de Buena Vista, al sur de Saltillo, donde el ejército de Estados Unidos había establecido su cuartel general.

En los años previos a la guerra, Illinois era un terreno fértil para las diversas variantes de juegos de pelota como el bandy, el cricket, el fives, el cat, el town ball y el corner ball, según una prohibición para jugar en el Sabbath, emitida a finales de los 1830s en el condado de Fulton. Pero el juego favorito parecía ser el town ball, que en realidad era uno de los múltiples nombres con que se conocía al beisbol y que tenía algunas variantes reglamentarias.

El investigador estadounidense David Block escribió el libro Baseball Before We Knew It donde analiza los orígenes del juego y aborda la temática de, como él llama, los distintos alias regionales con que se conocía entonces al beisbol:

En esos años, el juego era una actividad localizada y generalmente desorganizada. Dos equipos de comunidades vecinas podían haber llamado a su respectivo juego town ball pero jugarlo bajo distintas reglas. O, en cambio, sus reglas podían ser idénticas, pero unos llamarlo town ball y otros base ball.[10]

Otra referencia muy similar se dio unos días después de la carta de Adolph Engelmann en el otro lado del continente cuando en la Alta California, que aun era territorio mexicano, el soldado Azariah Smith escribió en su diario el 6 de Marzo de 1847 una descripción parecida:

El batallón se ejercitó de acuerdo a lo acostumbrado y le fue permitido jugar pelota y divertirse durante el día. El clima era frío, volviéndose incómodo porque les faltaba ropa de abrigo. [11]

Smith era parte del Batallón Mormón que se formó con soldados que habían dejado el poblado de Nauvoo, Illinois, en un éxodo que, según Brigham Young, ocurrió por el “fuerte prejuicio contra su religión y entonces resolvieron buscar un nuevo hogar en el oeste en Salt Lake o el valle Bear River.”[12]

En ese momento, Smith escribía en Misión San Luis Rey, unos kilómetros al norte de San Diego, California, donde un grupo del Batallón Mormón fue emplazado como guarnición del pueblo, a la vez que el resto de las compañías habían designadas para ir a Los Angeles

Nuevamente, soldados de Illinois jugando pelota. El town ball se jugaba en muchos condados del estado de Illinois y su popularidad, según las referencias que han sobrevivido, rivalizaba con la que tenía en Philadelphia donde se había formado el primer club de pelota: el Olympic B.B.C. [13]

En 1905, H.H. Waldo escribió una descripción del town ball, tal como él lo solía jugar en Rockford, Illinois, en los 1840s:

Consistía de un catcher, lanzador, primera, segund y home. El campo de juego tenía forma de diamante: mientras que en campo abierto se colocaban el resto de los jugadores, cuyo número no tenía límite. El out se conseguían como sigue: Con tres strikes, pica y atrapa, pelota atrapada de aire, y corredor golpeado o tocado con la bola mientras está fuera de base. Algunas veces eso se modificaba también con un out cuando la pelota volaba la barda. [14]

Un libro escrito en 1879, The History of Edgar County, Illinois, decía que el town ball era “base ball en estado rudo.”[15]

La popularidad del town ball en Illinois se replicó en México, donde soldados de los regimientos de ese estado practicaban el juego en sus campamentos.

En la primavera de 1847, la guerra se trasladaba del noreste mexicano al centro del país mediante un desembarco en el puerto de Veracruz para buscar la conquista de la ciudad de México. Para ello tenían que pasar por Jalapa y fue ahí en las lomas de Cerro Gordo, donde en abril de 1847 el General Antonio López de Santa Anna planeó la defensa mexicana tratando de evitar el paso a la capital veracruzana.

En la planeación de la batalla, Santa Anna omitió una vereda que daba acceso a un cerro en donde se había dispuesto uno de los puntos más sensibles de la defensa mexicana. Los estadounidenses notaron esa falla y usaron dicho sendero para rodear el flanco de los mexicanos que, derrotados, emprendieron una desordenada fuga.

Sorprendido, el General Santa Anna poco tiempo tuvo para huir y aquí es donde las versiones difieren. Unos aseguran que Santa Anna fue capturado y dejado en libertad. Otras versiones, como la del soldado Jacob Oswandel que participó en el combate, dicen que Santa Anna alcanzó a huir a pesar de una intensa persecución. En cualquiera de los casos, lo que los estadounidenses sí lograron capturar fue el carruaje de Santa Anna lleno de documentos, planos y dinero. Pero también encontraron otro preciado trofeo de guerra: la prótesis de la pierna de Santa Anna.

El General había perdido la pierna izquierda en la Guerra de los Pasteles contra Francia en 1838 y desde entonces usaba una prótesis de madera y caucho que fue la que encontraron los soldados del Cuarto Regimiento de Voluntarios de Illinois en la diligencia. Ni siquiera tuvo tiempo Santa Anna de colocarse la pierna en su huida y la pieza fue hallada por soldados del Cuarto Regimiento de Voluntarios de Illinois.

Para celebrar su victoria, según la tradición oral, los soldados usaron la prótesis de madera como bate de beisbol. Sin embargo, no se ha podido hallar evidencia documental contemporánea al hecho que sustente la versión. La anécdota se hizo famosa el 17 de Marzo de 1937, cuando circuló alrededor del mundo como parte de las tiras cómicas de Ripley, Aunque Usted No Lo Crea. La caricatura de un soldado usando la prótesis como bate de beisbol se presentó en la publicación, donde se aseguraba que “soldados de Estados Unidos jugaron beisbol con la pierna de madera de Santa Ana, el famoso general mexicano. La pierna está hoy en el salón memorial de Springfield, Ohio.” Pero en los archivos de Ripley Entertainment no hay sustento adicional para la versión. Edward Meyer, Vicepresidente de Exhibiciones y Archivos, respondió a una solicitud para obtener mayor información:

No tenemos nada para sustentar esto. Creo que es seguro decir que Robert Ripley nunca inventó nada. En este caso él probablemente vio el bat/pierna en persona y alguien personalmente le contó la historia. Muy a menudo nuestros archivos tienen una carta de alguien contándole a Ripley alguna historia sorprendente, o copias de textos literarios donde Ripley leyó acerca de la historia. Cuando nada de esto existe, lo más probable es que Ripley haya conocido la historia personalmente en sus viajes.

Y de hecho, parece que Robert Ripley conoció la historia en publicaciones anteriores que se remontan hasta 1909 cuando la guía turística Terry’s Guide to Mexico invitaba a los lectores a visitar “el punto donde los soldados americanos, bajo las ordenes de Scott y Worth jugaron beisbol (en 1847) con la pierna de madera capturada (por el Cuarto Regimiento de Illinois) del General Santa Anna.”

Existe otra mención de la historia en el libro biográfico Díaz: Master of Mexico, publicado en 1911 por James Creelman:

Cuando el Ejército de Estados Unidos, bajo las órdenes del General Scott, barrió la Costa Atlántica hasta el Valle de México, los soldados americanos jugaron beisbol en Orizaba con la pierna de madera de Santa Anna, e izaron la bandera americana sobre el castillo de Chapultepec el 14 de Septiembre de 1847, el poder de Santa Anna se había ido para siempre.

Entonces, ciertamente es una historia antigua, pero no hay indicios de la fuente primaria que dio origen a esta versión. Sin embargo, lo que sí está documentado es que la prótesis de Santa Anna sí fue capturada por los soldados de Illinois y, de hecho, la pieza se exhibe en el Museo Militar en Springfield, Illinois (no en Springfield, Ohio, como aseguró la caricatura de Ripley). Pero, independientemente de la falta de evidencia de primera mano para sustentar esta historia es significativo que sean soldados de Illinois, la tierra donde el town ball era tan practicado, los protagonistas de otra historia de juegos de pelota durante el conflicto.

Pero las eventualidades de la guerra no quedaban confinadas al noreste y centro del país, sino que en la costa del Pacífico también habría intensa actividad militar. La Marina de Guerra de Estados Unidos había realizado un extenso bloqueo marítimo en los puertos mexicanos y en varios casos hizo desembarcos para establecer guarniciones. En estas operaciones un grupo de soldados dejaría un rastro de actividad beisbolera en tres lugares donde estuvieron acampados. Ellos eran los Voluntarios de Nueva York, un regimiento compuesto, en su mayor parte, por hombres jóvenes de la ciudad de Nueva York.

Los Voluntarios de Nueva York se embarcaron rumbo a la guerra en el verano de 1846, apenas unas semanas después de que el gran poeta estadounidense del siglo XIX, Walt Whitman, describiera en la edición del 23 de Julio del diario Brooklyn Eagle lo que vio una tarde en las calles de la ciudad:

En nuestro deambular vespertino por los suburbios de Brooklyn, hemos observado varios grupos de jóvenes jugando “base”, un cierto juego de pelota. Deseamos que esas vistas sean más comunes. En la práctica de deportes atléticos y varoniles, los jóvenes de casi todas nuestras ciudades americanas son muy deficientes. Disfrutemos la vida un poco. Salgamos a la calle por un rato y pongamos un mejor aire en nuestros pulmones. El juego de pelota es glorioso.[16]

Los Voluntarios de Nueva York se embarcaron entonces, en una travesía de seis meses rumbo a California llevando con ellos el juego de beisbol.

Cabe mencionar que el ejército de Estados Unidos estaba conformado por 2 tipos de soldados: el regular y el voluntario. Los voluntarios eran ciudadanos normales que se unían a la milicia por patriotismo, hambre de peligro o con la expectativa de colonizar el lugar donde fueron asignados al cumplir su servicio militar.

La diferencia no era sólo en el nombre, sino que el soldado voluntario era más relajado en su disciplina, se involucraba más en actividades lúdicas y comúnmente era el primer sospechoso cuando se cometía una fechoría en alguno de los territorios ocupados durante la guerra.

No es casualidad que a este grupo de relajados soldados voluntarios se le atribuya tanta actividad beisbolera durante el conflicto.

El regimiento se embarcó desde Nueva York rumbo a la Alta California en Septiembre de 1846 y llegaron a Yerba Buena, hoy San Francisco, entonces territorio mexicano, en abril de 1847. Hay algunos reportes de que juegan beisbol en el Presidio del pueblo, sin embargo fueron escritos mucho tiempo después y no se han encontrado evidencias contemporáneas al hecho.

Posteriormente el regimiento se divide en varias compañías que son asignadas a distintas labores en el Pacífico. Un grupo es enviado casi de inmediato a tomar el poblado de Santa Bárbara, donde los soldados desembarcan y establecen una guarnición. Es ahí en Santa Bárbara ese mismo mes de abril de 1847 cuando se da otro reporte sobre la práctica de beisbol por parte de los Voluntarios de Nueva York.

El escritor Walter Tompkins escribió en 1976 el libro It Happened in Old Santa Barbara con apuntes históricos sobre la ciudad de Santa Barbara, California, donde narra:

Con el tiempo colgando, los neoyorquinos decidieron jugar al béisbol. Dibujaron un diamante en lo que hoy es la intersección de las calles State y Cota street y confeccionaron una pelota con una masa de gutapercha, recubierta con un pedazo de piel. Un palo de mezquite sirvió como bat. [17]

Dicho reporte en el libro también llega muchos años después de sucedido, y no se ha podido hallar confirmación en fuentes de primera mano. Sin embargo, el rastro beisbolero de los Voluntarios de Nueva York forma un patrón con indicios independientes como los de San Francisco y Santa Bárbara que pueden tener algún grado de credibilidad.

Estos mismos soldados formarían guarniciones por varios meses en puertos mexicanos como La Paz y San José del Cabo en la Baja California. De hecho en San José del Cabo, resisten un sitio de 30 días por parte del ejército mexicano. Y luego, al retomar el control, dejan guarniciones hasta el final de la guerra sin ser hostilizados, por lo que tuvieron tiempo de sobra para practicar el juego.

Habría más reportes de práctica del beisbol de los soldados estadounidenses en Noviembre de 1847 cuando capturan el puerto de Mazatlán sin hacer un solo disparo y ahí establecieron una guarnición en la Loma Montuosa donde permanecieron hasta el fin de la guerra y, según otra versión, practicaron el beisbol.

Esta versión se publicó en 1968 en el diario El Sol del Pacífico de Mazatlán y refiere que, según el historiador Eustaquio Buelna, “en la marisma que estaba en la Montuosa, los norteamericanos practicaron el beisbol y hacían también sus prácticas de tiro”. [18]

En la época en que se publica este reporte en dicho periódico moderno, en México se vivía una pugna en distintas plazas para adjudicarse la “Cuna del Beisbol Mexicano”, es decir, ser el lugar donde por primera vez se jugó al beisbol en México. Esto llevó a varios investigadores regionales a falsear datos y maquillar hechos.

De hecho la nota de El Sol del Pacífico, redactada por Humberto Aguilar lleva por título “Se acabaron las dudas: Mazatlán, el Primer Lugar de la República donde se jugó Beisbol” y tiene ese mismo tono de disputa de la época. Entre otras cosas, dice lo siguiente:

“La pregunta se ha debatido infinidad de ocasiones,” decía Aguilar en su nota. “Cuando se trata de esclarecer esa que ha sido una incógnita apasionante, porque ya se han dado muchas fechas y aunque los lugares que se discuten la primicia están ya bien definidos: Mazatlán, Guaymas y Veracruz, las fechas que se han dado han servido solamente para especular y sembrar más duda.”[19]

Posteriormente, hace una cronología de hechos del despliegue naval en Mazatlán y remata la nota con más disputa:

“¿ESTÁ CLARO YA?

   Los datos son precisos, no hay pie para la duda, en Mazatlán fue el primer lugar donde se jugó béisbol en toda la República.

   Un poco antes del 11 de noviembre de 1847, tropas gringas desembarcaron en Veracruz, pero allí lo hicieron combatiendo, luego avanzaron rápidamente a la ciudad de México, siempre hostilizados de tal manera que no tuvieron tiempo de coger un bat y una pelota.

   En cambio en este puerto, dispararon solamente sobre figuras, sobre blancos y tuvieron tiempo más que suficiente para practicar diferentes deportes, entre otros el béisbol, para no pasarse todo el día rascándose la barriga al sol.

   Y el pueblo de Mazatlán, aun cuando miraba con rencor a las tropas norteamericanas, imposibilitados para ejercer alguna presión militar sobre ellos, algunos se hicieron amigos obligados por las circunstancias y luego, presenciaron los primeros choques de béisbol que se jugaron aquí… Y más de alguno lo empezó a practicar.

   Creemos que con lo anterior, se terminarán todas las discusiones, pues se necesita ser un necio para tratar de rebatir datos tan precisos, hechos tan evidentes, argumentos que ninguna de las dos ciudades, Guaymas o Veracruz, pueden esgrimir para quitarle a Mazatlán la primicia de haber sido el lugar en donde se jugó el béisbol. Deporte que goza de tan enorme popularidad en toda la República.

   La noticia pues, encierra una importancia enorme, porque da fin a una serie de artículos que se escribieron al respecto y Mazatlán habrá de pasar, desde este día, al lugar tantas veces buscado por los historiadores del béisbol.   [20]

En la nota se omite una importante cantidad de hechos sobre la forma en que se llevó a cabo la guerra, tales como la invasión que comenzó por el noreste y marcó el inicio del conflicto en donde también, como ya hemos referido, los soldados tuvieron tiempo de sobra para jugar pelota.

La nota ciertamente está teñida de regionalismo, pero hay un nombre que agrega credibilidad a la versión: Eustaquio Buelna.

Por la redacción de la nota, esa sería la fuente que sustenta la versión. El periodista relata que los documentos usados le “fueron proporcionados por el doctor Don Luis Zúñiga Sánchez, historiador y una persona sumamente culta, que por años se ha dedicado a escribir los capítulos más apasionantes de México y desde luego especialmente de Sinaloa y de nuestro puerto.”[21]

Y, a su vez, los documentos del Dr. Luis Zuñiga Sánchez provendrían de los archivos del gran historiador Eustaquio Buelna por el pasaje en que se menciona al beisbol en la nota:

En la marisma – según el historiador sinaloense Lic. Eustaquio Buelna – que estaba en la Montuosa, los norteamericanos practicaron el béisbol y hacían también sus prácticas de tiro.[22]

Y es que el Lic. Eustaquio Buelna fue un brillante historiador sinaloense que nació en 1830 y murió en 1907. Es decir, que cuando los soldados estadounidenses desembarcan en Mazatlán, Buelna tenía 17 años y es posible que haya recibido la información de primera mano. Además, si efectivamente el dato proviene de Eustaquio Buelna no habría razón alguna para pensar que falseara información puesto que él fallece, como ya referíamos, en 1907 y la disputa por la “cuna del beisbol mexicano” llegaría varias décadas después.

El sentido común indica que, tal como sucedió en otros lugares de los cuales ya se presentó evidencia de primera mano, los soldados estadounidenses buscaban distracción en los muchos ratos de ocio que las guarniciones ofrecían y los juegos de pelota estaban entre los pasatiempos predilectos, por lo que la versión de Mazatlán no carece de lógica.

Refuerza lo anterior el hecho de que, en las anotaciones hechas por los soldados en sus diarios, encontramos elementos que nos dan una mejor idea de la frecuencia con que los juegos de pelota se realizaban en los campamentos. No hay ningún rastro de novedad o sorpresa en ellos. George Furber asegura en su diario que jugar pelota era un “método favorito” de diversión en el campamento de Matamoros, mientras que Adolph Engelmann escribió que el campo de marcha era “muy a menudo” utilizado para juegos de pelota en el campamento a la periferia de Saltillo. Podemos inferir, entonces, que así como en las evidencias de primera mano en Matamoros, Saltillo y Misión San Luis Rey, los soldados americanos de otros campamentos también buscaban diversión a través de los juegos de bate y pelota. Por esa misma razón, las versiones de San Francisco, Santa Barbara, Mazatlán o Cerro Gordo, también podrían tener validez, aun con su falta de evidencia de primera mano.

De hecho, este tipo de juegos representaban para los soldados no sólo una distracción, sino también nostalgia y añoranza de lo que habían dejado en casa. Las calamidades de la guerra contrastaban con la paz de los juegos y las amistades que habían dejado atrás.

Como ejemplo está un fragmento de una carta fechada en la ciudad de Puebla el 11 de Diciembre de 1847. La escribe el soldado Jacob Oswandel unas semanas después de que los estadounidenses rompieran el sitio al que estaban sometidos en Puebla en el último foco de resistencia mexicana. Días antes ya habían capturado la Ciudad de México y se negociaban los términos de la rendición mexicana. Oswandel añoraba:

Querido amigo: Te recuerdo a menudo en las horas felices que pasé en la vieja escuela Hoffman, golpeándonos el uno al otro con bolas de nieve y jugando town ball. Sabes que hoy asisto a un tipo de escuela diferente y que juego pelota; sí, juego con esas pequeñas pelotas (balas) que son peligrosas y que cuando te golpean te dejarán marcas más dolorosas que aquellas que solías lanzarme o pitchearme corriendo hacia la base o poniéndome out de fly o a veces en foul también. No trataré de contarte sobre nuestras largas marchas, batallas, guerra de guerrillas, etc ni del acoso a Puebla porque creo que antes de que esta carta te llegue ya habrás leído un recuento más completo de la acción.[23]

No habría más calamidades para Oswandel en la guerra y, de hecho, no volvería a ver combate. Los términos de la rendición de México fueron prácticamente incondicionales, a través de la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo el 2 de Febrero de 1848.

Quedaba oficializado que México cedía 1.3 millones de kilómetros cuadrados de su territorio a Estados Unidos. En la cesión iba la Alta California rica en oro, así como las tierras que hoy componen los estados de Nevada, Arizona, Utah, así como partes de Nuevo México y Colorado. A cambio, México recibía 15 millones de dólares.

Además en el Tratado, México renunciaba a cualquier disputa sobre el territorio de Texas que se confirmó como parte de las posesiones de Estados Unidos. En total, México terminaba perdiendo el 55% de su territorio.

Con la repatriación de las tropas estadounidenses se marchó también el beisbol, que no volvería a ser jugado en México por los próximos 20 años.

Quedaba en la sociedad mexicana la sensación de derrota y humillación. Un sentimiento anti yankee que sólo lograría revertirse con el apoyo militar que dio Estados Unidos a México para terminar con la Intervención Francesa en 1867.

Sería hasta entonces, que el seco tronar de la madera impactando una pelota volvería a escucharse en los campos mexicanos y, ahora sí, el beisbol se quedaría para siempre.

 

[1]Esta imagen forma parte de la colección “Daguerrotipos de la Guerra Mexicana” en la Biblioteca Beinecke Rare Book and Manuscript Library de la Universidad de Yale con clave WA Photos 26.

[2]Block, David. Baseball Before We Knew It: A search for the roots of the game. University of Nebraska Press, 2005. Pag. 178.

[3]http://www.doubledaysportsbar.com/about_factlegend.html. De hecho, según sus propias memorias, al inicio de la guerra en 1846, Doubleday estuvo estacionado en Puerto Isabel (llamado Punto Isabel en ese entonces.) Sin embargo, no hay referencias a juegos de pelota en su remembranza sobre la guerra.

[4]Rodríguez Cortés, R. “Abner Doubleday: Llegó como invasor, se fue como entrenador,” La Gazeta del Saltillo, p. 4. Esta versión fue entregada en fotocopias al autor sin fecha de publicación. La Gazeta es la publicación oficial del Archivo Histórico de Saltillo. Sin embargo, no hay evidencia de Doubleday enseñando el beisbol en Saltillo. La historia parece estar basada en el daguerrotipo de Doubleday posando con habitantes saltillenses y asumiendo que allí estaba explicando las reglas del juego. Por otro lado, hay evidencia de juegos de pelota jugándose en el campamento de los soldados americanos cerca de Saltillo antes de la llegada de Abner Doubleday desde Monterrey para reforzar las líneas americanas durante la Batalla de La Angostura el 23 de Febrero de 1847.

[5]Esta versión se publicó originalmente en 1974 en el diario deportivo Esto pero, según sus propias memorias, Doubleday nunca estuvo en Churubusco. En realidad, Doubleday permaneció en Saltillo hasta el final de la guerra. Durante los días en que se libró la Batalla de Churubusco, Doubleday fue asignado por el General Wool para interceptar correos en la periferia de Saltillo con el propósito de obtener inteligencia sobre lo que ocurría con el avance del General Taylor hacia la Ciudad de México.

[6]Ver: Chance, J. 1998. My Life in the Old Army: the Reminiscences of Abner Doubleday.

[7]Furber, George C. The twelve months volunteer or, Journal of a private, in the Tennessee regiment of cavalry, in the campaign, in Mexico, 1846-7. J.A. & U.P. James, 1848. Pag. 203.

[8] Ibid.

[9]Engelmann, Adolph. “The Second Illinois in the Mexican War: Mexican War Letters of Adolph Engelmann, 1846-1846,” Journal of the Illinois State Historical Society, Vol. 26, number 4: January 1934. Pag 435.

[10] Block, David. Baseball Before We Knew It: A search for the roots of the game. University of Nebraska Press, 2005. Pag. 158 y 159.

[11]Smith, Azariah, The Gold Discovery Journal of Azariah Smith Utah State University, Logan UT, 1996, page 78.

[12] Roberts, B.H. 1919. The Mormon Battalion : its history and achievements. The Desert News.

[13]Between 1820 and 1846, there were eight references to town ball in Illinois, while Philadelphia had five in the Protoball Chronologies, a listing of primary sources on known events in ballplaying. (http://retrosheet.org/Protoball/)

[14]Town Ball in Rockford Illinois. Letters from H. H. Waldo, Rockford IL, to the Mills Commission, April 8 and July 7, 1905. Entry 1846.9 in the Protoball Chronologies. (http://retrosheet.org/Protoball/Sub.TownBall.htm)

[15]The History of Menard and Mason Counties, Illinois. 1879. O.L. Baskin & Co.

[16]“City Intelligence”. The Brooklyn Eagle. Jul. 23, 1846. Pag. 2

[17] Tompkins, Walter A. “Baseball Began Here in 1847,” It Happened in Old Santa Barbara. Santa Barbara National Bank, 1978. Pags. 77-78.

[18]Aguilar Humberto. Se acabaron las dudas: Mazatlán, el Primer Lugar de la Republica Donde se Jugó Béisbol. El Sol del Pacífico. Mayo 22, 1968. Mazatlán.

[19]Ibid

[20]Ibid

[21]Ibid

[22]Ibid

[23]Oswandel, Jacob et al. Notes of the Mexican War: 1846-1848. University of Tennessee Press, 2010. Pag 233.

Abner Doubleday en México

AbnerDoubledaySaltillo

Abner Doubleday no inventó el beisbol en 1839. Lo hemos discutido hasta el cansancio aunque indudablemente será siempre un personaje asociado al juego, gracias a ser el protagonista de uno de los mitos más persistentes de la historia.

Si pocos saben que Doubleday no inventó el beisbol, aun menos son los que saben que este personaje pasó mucho tiempo en México. Participó como un joven militar en la guerra de México y Estados Unidos de 1846 a 1848. Combatió en la Batalla de Monterrey en 1846.

Fue justamente en Saltillo donde se mantuvo por mucho tiempo. Convivió con los saltillenses, observó y detalló en sus memorias personales a la sociedad mexicana de la época. Tanto, que hasta aprendió a hablar Español antes de proseguir su carrera militar de regreso en Estados Unidos.

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